De los ingredientes más usados en la cocina, hay uno que destaca principalmente por su gran usabilidad pero también por la tendencia a ser perjudicial: el azúcar. Esta sustancia se compone de glucosa, que es usada por el organismo con el fin de obtener energía; y fructosa, que no es utilizada de forma inmediata por el cuerpo y se almacena en el hígado. Hoy hablaremos de los principales problemas y cómo los solucionan los edulcorantes naturales y artificiales.

¿Por qué es malo el exceso de azúcar?

Cuando se consume demasiada azúcar, se libera insulina para que la glucosa pueda ser utilizada en forma de energía. Si se ingieren estas cantidades de manera regular, el cuerpo se acostumbra a liberarla continuamente, lo que puede llevar a la resistencia; una condición en la que el organismo no responde adecuadamente a esta sustancia y empieza a generar graves problemas, tales como:

Obesidad

Cuando se consume demasiada azúcar, el cuerpo produce una hormona llamada insulina de lipogénesis, la cual estimula la producción de ácidos grasos, lo que puede llevar a un aumento de peso; este incremento de la masa genera demasiados problemas adversos, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares, artritis, depresión, fallas en el tracto urinario, trastornos del sueño, entre otros. Todos estos inconvenientes poseen un alto riesgo, en especial si se trata de niños pequeños los que la empiezan a padecer.

Diabetes

Cuando el cuerpo comienza a inhibir la acción de la insulina ocurre la diabetes; dado que empieza a degenerarse la producción de la hormona, la glucosa en sangre corre libremente sin que esta se diluya y transforme en energía, haciendo que se acumule en ciertas zonas del organismo y generando una intolerancia. Algunas de las secuelas más graves son el daño en los riñones, ojos, extremidades, problemas en el corazón, los nervios, entre otros.

Enfermedades del corazón

Las enfermedades cardiovasculares son el efecto secundario que comparten casi todas las secuelas del azúcar, dado que la glucosa comienza a acumularse en las vías sanguíneas, tarde o temprano esta llegará al corazón y generará fallas leves en su funcionamiento que en el largo plazo conlleven a infartos, arritmias o taquicardias. Además, con la producción de ácidos grasos se produce colesterol, una sustancia que reduce el tamaño de las venas y aumenta la presión arterial.

Cáncer

El azúcar es un motor que aumenta su metabolismo y por ende hace que los tumores crezcan más rápido; esto es debido a que, como cualquier otra estructura del organismo, el cáncer también se alimenta de la energía de la glucosa para seguir expandiéndose, por lo que dispararles una reserva de alimento hará que llegue a la fase de metástasis en menos tiempo del que predicen los médicos.

Además, los altos niveles de insulina en sangre hacen que la estructura del ADN cambie y por ende se tiene una mayor propensión a los errores en la producción de las células, generando cáncer.

Pérdida de dientes

Además, el azúcar puede dañar los dientes ya que al acumularse en la boca reacciona con el resto de bacterias y fluidos, convirtiéndose en ácido que es capaz de descomponer las muelas y generar caries; que si no se trata en la brevedad, llevará al pudrimiento de una de estas estructuras y obligará a su remoción inmediata. Ignorar este problema no sólo conlleva a dolores insoportables sino que aumenta la probabilidad de sufrir una infección en las encías que afecte a los nervios, músculos y huesos de la quijada.

Trastornos del sueño

En situaciones normales, cuando la energía del cuerpo se acaba, se induce al sueño con el fin de preservar las reservas para seguir trabajando; no obstante, al no tener un límite con la glucosa que es capaz de descomponer, el sistema está en constante alerta y es imposible dormir.

Esta condición afecta principalmente al reloj biológico, quien se confunde y fuerza a la persona a sentirse cansada, generando problemas en su estado de ánimo como lo son, estrés, ansiedad, depresión, euforia, entre otras.

¿Son mejores las mezclas de edulcorantes que el azúcar?

Los expertos recomiendan limitar el consumo de esta sustancia a niveles aptos para el organismo a fin de evitar estas complicaciones, pero en la realidad, encontramos que es muy complejo no consumirlas pues, al igual que los conservantes para bebidas, se encuentra en casi todos los alimentos del mercado por lo que básicamente es imposible desligarse.

Por eso, la solución debe provenir de los productores, quienes deben implementar edulcorantes naturales y artificiales alternativos al azúcar que posean el mismo efecto dulce de las comidas pero sin perjudicar la producción de la insulina. Algunos ejemplos son la sucralosa, el aspartame y el acesulfame, los cuáles ofrecen los siguientes beneficios:

  • Son menos calóricos que el azúcar.
  • Pueden ser utilizados por las personas que siguen una dieta libre de gluten.
  • No tienen un sabor artificial.

Si desea conocer más información sobre el uso de los edulcorantes naturales y artificiales en la producción de alimentos, lo invitamos a que se contacte con nosotros a través del formulario que encuentra en nuestra página web o llamando al número correspondiente a su sede más cercana.